El emprendimiento no es carreta #1

Mucho se habla por estos días del emprendimiento en diversas disciplinas como lo social, el altruismo o lo comercial. Dondequiera que uno asoma la cabeza escucha de personas dedicadas a emprender que se convierten en un ejemplo a seguir.

Los gestores de estos emprendimientos casi siempre se dedican a resaltar con insistencia las bondades de esta acción, intentando mostrar que han llegado para cambiar el mundo con una idea exitosa y vistosa. -Esta pequeña introducción la hago a modo de presentación y no de crítica-.

Quiero contarles a los lectores de La Carreta Literaria ¡Leamos! un poco de lo que han sido estos 10 años, 4 meses y 22 días de emprendimiento.

Siempre he estado con el sol dándome en la cara, entre otras razones porque en un país como Colombia el emprendimiento suele ser sinónimo de rosca política. En primer lugar, me tocó aprender a recibir el “no” como respuesta ante cualquier solicitud de apoyo. Cada vez que una idea iluminaba mi cabeza, empezaba a buscar alguna entidad o empresa que la hiciera posible, pero las constantes negativas me impedían materializar estos sueños.

Con el pasar del tiempo aprendí que la mejor forma de emprender era a partir de mis propios recursos. Una de las estrategias fue aprovechar las caricaturas que me hacían en las distintas ferias de libros y otros eventos a los que asistía.

A partir de ahí tomé la decisión de crear una colección de camisetas de La Carreta Literaria ¡Leamos! para una tienda de suvenires. Ahora los visitantes de Cartagena pueden llevarse un recuerdo de este proyecto de emprendimiento, el cual está labrando el camino de la autonomía de ingresos para seguir buscando lectores oyentes en cualquier rincón la región Caribe.

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